sábado, 6 de diciembre de 2014

"Sin ella, yo no"

Y despierto así... abro los ojos y yo era un hombre, tal vez, un hombre común, como todos, siempre buscando algo en que creer, alguien a quien querer y es que, jamás imaginas lo mucho que puedes llegar a amar hasta que llega esa persona que te cambia, te cambio todo incluso la vida, que te hace sentir diferente, una mejor persona, alguien que te quita el antifaz y deja caer el telón, esa persona para mí fue ella y esta es nuestra historia...

Ella era una mujer que había vivido muy rápido, que la vida le había enseñado que vivir no es indoloro, que vivir es fascinante, ella era como el universo y verdaderamente única. Un girasol en un campo de trigo, era un gol sobre la hora para ganar un partido, una cerveza fría cuando hace demasiado calor, era única, diferente, mi sueño cumplido, una obra de Da Vinci y menciono estos adjetivos porque no tengo nada más para describirla, mi mente se borró, era un examen sorpresa y no sabía nada, simplemente única.

Todo comenzó en  otoño, estaba en esa etapa de la vida cuando uno cree que lo tiene todo, que es completamente feliz y sí, ¿cómo vamos a saber que nos hace falta algo que jamás hemos tenido?, yo creía que el mundo giraba alrededor de mí, tenía todo lo que quería, sexo, dinero, amigos, fiestas, excesos, lujos y diversión pero en ese otoño algo sería diferente ... Se sentía el desasosiego en el ambiente, algo perturbaba la paz de la antesala al año nuevo, algo de aquel sentimiento debió anunciarme que llegarías, las hojas no caían de los árboles, las calles inundadas de hojas no me llenaban, sabía que este otoño era diferente, mi intuición me lo decía, me sentía indiscreto, arrogante y un poco alejado del mundo no sabía que me pasaba. Un día normal, como cualquier otro día, allí estaba ella, era una mujer cualquiera pero, con una mirada no cualquiera. Al verla por primera vez, ni por un momento pensé en todo lo que significaría esa mujer en mi vida y eso es lo especial; las cosas que no esperamos siempre serán las que nos marcarán. Al verla por primera vez, tuve el presentimiento de que ella era la chica especial, me sentía ligero como una pluma de ganso, no pasaba nada por mi mente, verla era la conexión que jamás en mi vida había tenido, sabía que ella era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida.

No pude reaccionar, el tiempo paso muy rápido, ella me vio, me sonrió, esos hoyuelos en su rostro marcados y así como fue un instante, en el mismo, desapareció entre la gente, sabía que el amor de mi vida se había ido y tal vez, tal vez jamás volvería a verla, me sentía desconcertado, estaba en shock, todo había sido tan rápido y me costó mucho trabajo volver a reaccionar. No era una mujer normal, no era una simple chica pasando por la calle que te mira y te sonríe, era ella, mi mujer perfecta.

Casualmente pasaba diario a la misma hora por el mismo parque, tratando de volver a encontrarla, tratando de poder volver a verla. Después de un tiempo y por casualidad, la volví a encontrar, de nuevo me llamó la atención su mirada, una mirada que te cautiva, con una luz especial, con una luz que jamás había visto antes, me animé a conversar con ella, de repente y así, sin más, tuve una extraña sensación de dependencia, una necesidad de saber de ella. No me explicaba porque sentía eso. La necesidad de conocerla, de verla, hablar con ella, el simple hecho de estar con ella hacia que mis días fueran perfectos. Esa necesidad me llevó a buscarla cada vez más, nuestras platicas eran banales, nada profundas ni fuera de lo común pero, de cada cosa de la que hablábamos, ella tenía una visión diferente a la de la gente, una visión no mejor y mucho menos peor, solamente diferente.

Me di cuenta que siempre hay otro ángulo de ver las cosas, hasta las situaciones más lógicas que puedes imaginar, ella las veía de otra manera. Para mí, un hombre extrovertido, terco y demasiado irracional, esto me hacía darme cuenta que no todo lo que pensaba, decía, sentía, estaba bien y que no todo de lo que ya estaba seguro era cierto. Me enseñó un mundo diferente en el mismo mundo en el que estaba.
Conversamos varias veces, sentía un cariño especial, el gusto y la necesidad de estar con ella, no me sentía obsesionado ni mucho menos, al contrario los dos sentíamos que éramos uno para el otro, las ganas de hacer cosas por ella, arriesgarme otra vez de dejar todo por alguien y olvidar a todos incluso, olvidarme de mí. Olvidar mis prioridades y que mis prioridades fueran las suyas. No pedía nada de ella, me bastaba con poco más que nada, me bastaba con una de sus miradas, una de sus sonrisas, una de sus caricias. Cada vez que la veía, sentía emoción y miedo, un sentimiento que no se puede explicar, un sentimiento inimaginable que sólo se puede sentir, me gustaba verla llegar y esperarla, la vida tenía un sentido, el mundo no giraba alrededor de mi por fin lo pude comprender, nosotros girábamos con el mundo, me asomaba a la ventana desde donde veía pasar el vaivén de un mundo desconocido que, no sé si era el suyo o era el mío.
Cuando estaba con ella me sentía diferente, me sentía seguro, hacia cosas que solamente repetiría con ella. Me sentía tan bien, tan cómodo que asusta, asusta porque sabes que sin ella no vas a ser esa persona, la persona que ella te hace ser y esa es la persona que quieres ser. Nunca tuve miedo de decirle lo que siento, jamás me guarde algo con ella, jamás había tenido tanto amor hacia alguien y pienso que cuando alguien está siempre para protegerte, se preocupa por ti y te quiere, para esa persona debes ser su todo, lo tienes que saber y no te lo tienen que decir. 
Comenzamos a salir cada vez más, nos conocimos hasta el más mínimo detalle, la conocía más a ella que a mí. En ese momento me di cuenta que habíamos pasado a otro nivel, un nivel en el que ella, ya tenía mi sabor y yo, ya tenía el suyo, una especie de fusión de costumbres y de almas, una fusión en la cual; Sin ella, yo no. Algo de mí que yo no conocía hasta que ella me lo mostró, algo de ella vi que quiero creer que nadie vio antes que yo, algo que jamás repetiría si no fuera ella, porque ella y yo éramos uno solo, como lo mencione, sin ella, yo no. 
Era demasiado lo que sentía y no podría seguir ocultándose, no ocultarlo del todo, solamente mostrarlo y no decirlo. Había sido suficiente, le iba a decir todo lo que sentía por ella. El día ya había sido elegido con anticipación. Recuerdo que estaba muy nervioso y, ¿cómo no estarlo? Si iba a dejarme totalmente vulnerable, iba a entregarle corazón  en su mano e iba a entregárselo sin importar lo que hiciera esa mujer con él. Mi corazón, era suyo.
Al decirle todo lo que sentía, ella solamente me abrazó, no me dijo nada, los segundos más largos de mi vida, no sabía si ese gesto era bueno o era malo, al separarse con una mirada triste y con los ojos llorosos, sólo dijo: "Yo no", en ese momento el mundo se vino abajo, dos palabras bastaron para devastar un alma, sueños y mil planes, dos palabras me hicieron dudar todo lo que fuimos, ¿Qué fue para ella todo esto?, ¿Qué tanto de todo lo imaginé yo?. Con ganas de llorar, me fui. Le di mi corazón y ella lo arrojó, como una esfera de cristal, lo tiro y se destruyó. 
Estaba devastado, todo era gris, nada tenía sentido, no podría dejar de pensar en el "Yo no", nada me animaba, ni lo que más amaba antes de ella, lo que antes podía hacer toda la vida y ser feliz con eso, "ya no". Desde ese día he pensado las cosas, no sé en qué fallé, empecé a recordar las cosas que vivimos y todos los contrasentidos tomaron sentido y se volvieron dilemas para mi corazón, que solamente pensaba en la mitad que le faltaba, la mitad que tenía ella, esa mitad que era ella.

Me convertí en otro, ella es el antes y el después de mi vida. Tal vez mejor, dejó muchas cosas en mí, otro mundo en este mundo, otra forma de ver la vida, me contaminó con sus ojos y con buenas intenciones, era otro, ese tiempo de reflexión me hizo ver que aunque no la tenía a ella, me había hecho una mejor persona, me había transformado, no sé si para bien o para mal pero era otro hombre, con otra visión de la vida.

A todos nos ha pasado y a todos nos pasará, ese primer corazón roto, esa primera decepción, ese primer gran dolor que te transforma y sientes que nunca te repondrás, que nunca volverás a querer, que nadie te hará sentir así de nuevo... Y al final de todo, la seguiré queriendo con el amor menos egoísta, con el amor que no espera nada y solamente da todo. El amor más destructivo, una bomba con la que todos deben de jugar

Tengo su risa, su voz y la ternura que dejó guardada en mi corazón y eso nadie pero nadie me lo quita. Pasó el tiempo y regrese al parque donde todo empezó, donde esta historia inicio y de pronto, como un ave fénix el corazón se rehízo de las cenizas, sentado en la banca se acercó una mujer, no diferente, no igual, una mujer cualquiera... y de pronto todo, de nuevo, comenzó.

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