"Lo importante es que a estas alturas encontremos a alguien que nos regale primeras veces"
Tengo miedo, quizá es porque nunca me imaginé que me iba a sentir de esa manera, tal vez porque odio no saber qué es lo que va a pasar en un futuro. No sé cuando empecé a tener miedo, sólo sé que ahora mi vida, se basa en posibles y no en improvisaciones.
Solo se que ahora ando con pies de plomo por si me hundo, quizá porque creo que así la caída será menos dolorosa, que me levantaré rápidamente. Solo se que hace tiempo que no sentía algo así, algo que me duele pero me hace ser feliz y tengo miedo de que se pueda volver en mi contra.
He comprendido que los sentimientos son como un tsunami, sabes que están llegando pero por mucho que quieras, no puedes hacer nada por evitarlo y les temes por si te destrozan y te llevan con ellos.
También tengo miedo porque mis experiencias me hicieron saber que la felicidad no existe, que es un invento y lo que paso solo fue una ilusión, por llamarlo de alguna manera, es demasiado bonito para ser verdad, que lo más posible es que se acabe. Y qué quieren que les diga. Tengo miedo.
Me quedé con ganas de enseñar lo bonito que se mira el cielo cuando se acuesta sobre mis piernas, de contar las nubes, de encontrarle forma a las estrellas; con los suspiros y las palabras que decidí no decir porque era muy pronto, porque qué sentido tenía, quien diría que te irías tan pronto, ¿qué sentido tendría?. Me quedé con ganas de besar en los museos, en los parques, en los salones de clase, en la calle, de más películas,de más juegos, de más canciones.
Ojalá no me estuviera llenando con todos esos "te quiero" no dichos en el momento preciso, en el instante adecuado. No quiero quedarme con todo lo que hubiera hecho, con las ganas de llorar porque me tengo que ir antes de que el fuego de nuestra combustión me consuma; a mí y no a ti, porque supo volver de las cenizas, porque ha aprendido a jugar con el fuego y sobre todo, porque es una llama que nunca se termina, que calienta y que, si te acercas demasiado, te quema, te calcina.
Ojalá tuviera la fuerza para llegar, para irme y volver, pero no la tengo y yo solo puedo escapar. Ya pude escapar. Me quedé con ganas de estar, de no tenerte miedo, de sentirme permanente, de atentar contra la naturaleza y echar raíces, de ser invencibles, ¿saben?, ahora yo trato de serlo, sin nadie. Ojalá hubiera hecho de todo , ojalá se me hubiera acabado la vida cada noche que pudimos pasar, cada amanecer con nuestros cuerpos abrazados justo como los dejamos antes de cerrar los ojos.
Pudimos repetir todas las noches, pero no tuve el valor de decir lo que sentía, no quise dejarme llevar. Tenía que tener el control siempre, ¿recuerdan? Y aún así, después de haberme quedado con todas esas ganas y después de ser como un hombre bala, porque al fin y al cabo decidí “aventarme” y no me quedé con ganas de pedir más, de decir que no me iría, y aún así lo hice, me fui. No quiero quedarme con el adiós, con el ver partir, con los pequeños rastros que sé que quedaran en ciertos rincones de mi vida. Ojalá no me quedara con el daño que hice; con todas las promesas rotas y el futuro deshecho. Ojalá nos hubiéramos complementado, que nos hubiéramos conocido en otro momento. Me quedé con ganas de que fueras tú y nadie más; pero ojalá sí seas ese alguien para alguien más.
Ojalá esto no fuera una despedida porque me voy a quedar con las ganas de que no termine nunca. Hay enfermedades que jamás se curan y aunque haya pasado mucho tiempo y aunque uno se sienta curado, jamás, nunca se va a curar; siempre habrá un rincón en el corazón, en el alma, en la mente que siga enferma, con el tiempo, el dolor va desapareciendo y las heridas comienzan a sanar. Sólo sé que a pesar del vacío y del dolor, si una persona se quiere ir, se va. El dolor es tan grande que se piensa que jamás volverás a sentir algo así o que sólo lo vas a sentir por esa persona que se está marchando frente a tus ojos. Pero no, todo se puede superar y no habrá nada ni nadie que te impida hacerlo. Todo el dolor ya quedó atrás.
Las calles ya no tienen recuerdos, las fotos han quedado plasmadas en un tiempo congelado, se rompió todo vínculo con el pasado y ahora solo me siento a beber, con la mente en blanco, con el volumen a tope aunque alrededor haya un silencio fúnebre mirando hacia adelante buscando la manera en como crecer.
Disfruto más la música, los amigos, las fiestas, el deporte, el sexo casual, los regaños, los halagos, los triunfos y las derrotas, en donde ahora cierro los ojos y estoy en algún lugar del cual no quiero salir. El tiempo pasa y ya estoy viviendo. Ahora tengo miedo, de que las ganas de abrazar se pierda al día siguiente, el miedo de saber qué pasará después de saber que existe un imposible. No puedo pasar el poco tiempo de mi vida saboreando unos labios en mi mente. El alcohol no me va a durar para siempre.
Estoy intentado ser una persona normal, pero cuando pasas de página varias veces, ya no te sorprende nada, incluso el final. Pero por ahora es solamente cuestión de leer y no saltar de página, vivir día con día la página que te toca, algún día encontrarás el columpio correcto, los tacones perfectos, la risa adecuada, el vestido negro con escote pronunciado, el traje con el moño elegante y serás libre, serás feliz.
Algún día habrá alguien que te quiera junto a ella toda su vida y no encima, volvamos, no perdamos la fe, algún día quitaremos el vacío para alguien, nuestra manos serán más fuertes y nadie nos hará daño. Y si alguien aprieta el gatillo, bailemos a pesar de haber bailado antes con alguien más.
Alguien me dijo que la vida no es más que una colección de primeras veces y después de mucho tiempo, será la primera vez en la que le escriba. Pensé inmediatamente en todos los momentos que he guardado en mi memoria, preocupado por el paso del tiempo y el desgaste que éste provoca, por el miedo al olvido y a dejar ir, por no aprovechar todo eso que sentimos la primera vez que hicimos lo que hicimos.
Pero sobre todo, por la fobia a que si la vida está hecha de primeras veces, todo sucede realmente una vez y nunca más vuelve a ser igual.
Luego de que esa persona lo dijera, me pregunté ¿cuáles serían las primeras veces que, si pudiera y si fuera posible, volvería a vivir? Elegirlas suena fácil, pero es en realidad más difícil de lo que pensé. Hay momentos que agradezco mi cuerpo recuerde casi automáticamente, como la primera vez que pise el Estadio Azteca por primera vez. O como cuando viajé por unas semanas a una ciudad desconocida en un país desconocido con un montón de desconocidos. Sin embargo, son acciones que no dejan de repetirse, volví a pisar el Estadio Azteca unas cien veces más y volveré a viajar pronto, cada vez en mayor medida. Es complicado elegir una sola que haya desencadenado las demás.
Pero si tengo que elegir una sola, una primera vez a la que volvería, de la que me sé el camino de regreso casi de memoria, tendría que elegir esta: regresaría a la primera vez que escribí, que lo sentí todo, que mis manos se deslizaron y las palabras comenzaron a surgir una a una. No recuerdo exactamente en dónde comenzó todo, pero tuvo que iniciar en algún momento y es precisamente ahí a donde regresaría las veces que pudiera. De alguna forma siempre lo hago, ¿Las grandes obras se construyen con pequeños pasos?, ¿no?.
Si la vida es una colección de primeras veces, todo es nuevo todo el tiempo y eso es, precisamente, lo bueno y lo malo. Esas primeras veces son una joya escondida en aquél rincón del parque al que sólo tú recuerdas llegar, un tesoro tan especial que son el parteaguas de nuestra vida; asusta saber que conocimos lo que era desconocido y que tendremos que vivir sintiendo cosas que nunca habíamos sentido antes. Todo el mundo no se da cuenta de la importancia de aquellas primeras veces, nuestra primer palabras, nuestro primer beso, nuestro primer amor, nuestra primera decepción, pero, qué hay de esas veces que nunca nadie menciona pero suceden y pensar en eso puede llegar a doler, asusta, asusta tanto que emociona, que excita, que se vuelve irremediablemente peligroso poder tentar los límites de lo posible y lo real para poder vivir así, buscando que esas primeras veces, se vuelvan eternas.